Día Internacional de la Fotografía

El día internacional de la fotografía se celebra el 19 de agosto porque fue en esta fecha, en 1839, hace ya 183 años, de Louis Jacques Daguerre presentó su gran invento en la Academia de Ciencias de Francia, al que bautizó con su propio nombre: el Daguerrotipo. Así la fotografía nace especial y única. Pocos inventos han tenido tantos testigos y han conmocionado a tanta gente desde el primer momento. Tanto es que el Gobierno Francés compró a Daguerre la patente del daguerrotipo y la dejó pública, contribuyendo a su enorme difusión.

¿Podéis imaginar cómo sería vivir en un mundo sin imágenes? No me refiero ni siquiera al exceso de imágenes de las redes sociales. Simplemente a todas estas imágenes con las cuales convivimos y que nos emocionan solo de mirarlas. ¿Vivir sin las fotografías de los hijos en la cartera, sin las fotos de nuestros abuelos o padres que ya no están, sin el recuerdo de las últimas vacaciones, sin las imágenes del cantor o actor del momento en los cuadernos de las adolescentes? Y tantas otras más. ¿Ya habéis imaginado?

Pide a una madre que rompa la fotografía de su hijo, aunque esté movida o desenfocada, y ella difícilmente lo hará. ¿Y por qué no? Porque sería como agredir al propio hijo. Esta es la magia de la fotografía. Abrazar y besar a una imagen es como abrazar y besar a la persona retratada. Y también lo contrario. Romper una fotografía es como cortar con algo. Lo sabemos bien todos que ya hemos terminado una relación amorosa.

El invento de la fotografía puede ser analizado desde muchos prismas: del punto de vista de la economía, con el nacimiento de un nuevo negocio y, un poco más adelante, de una nueva industria; del punto de vista artístico y todo que cambió desde entonces; del desarrollo técnico tanto químico, cuanto de la física óptica; y muchos más. El daguerrotipo fue un éxito de público y crítica. Rápidamente llegó a todo el mundo. De Japón a Brasil. Siempre cuento el ejemplo que en 1840, en Rio de Janeiro, Brasil, ya había un daguerrotipista. Solamente tres años después de la presentación de Daguerre, su invento ya había cruzado el Atlántico, asombrando a una sociedad esencialmente esclavista.

Todo esto es muy bonito y emocionante y espero volver al este tema muchas veces más. Pero hoy, que toca celebrar nuestro día internacional, me gustaría volver al principio: ¿cómo sería vivir en un mundo sin imágenes? ¿Sin la magia de tener cerca que está lejos? ¿Sin confundir el objeto con su representación? ¿Sin hacer visible lo que es imperceptible a los ojos?

La fotografía cambió totalmente nuestra forma de ver el mundo. Nos ayuda a parar y a ralentizar el tiempo. Es conocimiento y ciencia. Nos acerca a paisajes donde nunca hemos estado. A ciudades a donde nunca iremos. Pero, antes de nada, es presencia. Es la imagen de una abuela, que nunca llegué a conocer, y, si no fuera por una fotografía ya desgastada, no vería en ella la misma sonrisa que veo en mi hija. Es el retrato carnet del padre que ya no está, pero que llevo presente en la cartera, sabiendo que así me siento más protegida.

Fotografía no es una metáfora. No es una representación. Fotografía es. Por más que sepamos que ella está hecha de pixeles fácilmente cambiables, que depende de la mirada de cada uno, de su interpretación. Aunque sepamos todo esto, seguimos dando este poder de veracidad a la imagen fotográfica. Y por esto nos sentimos tan ofendidos cuando vemos una imagen muy cargada o de una modelo de delgadez imposible, y decimos llenos de desencanto: “esto es Photoshop!”.

Todo este sentimiento lo debemos a Daguerre. Un hombre de la farándula parisina, dono del teatro Diodorama, que después de asociarse a otro francés, este si científico, Nicéphore Niépce, ayudó a cambiar el mundo. El Daguerrotipo usaba una hoja de cobre como superficie, extremadamente pulida hasta casi quedarse como un espejo (en el siglo XIX, el Daguerrotipo también era conocido el espejo con memoria), tratada con vapores de mercurio para quedarse sensible a la luz, que expuesta a ella, formada una imagen única, como una polaroid, que, dependiendo de la incidencia de la luz, se podía ver como un positivo o su negativo. El daguerrotipo tenía una calidad impresionante. La gente parecía en la fotos casi si estuviera atrapada, como en los cuadros de la películas de Harry Potter.

Pues hoy toca celebrar nuestro día como se debe. Coge la cámara y sal por ahí. Seguro que volverás con algo más para el recuerdo. Daguerre y todos los vieron después, estarán orgullosos.

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